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Palermo: El superhéroe de los optimistas

La Boca es un territorio donde la pasión le gana por goleada a la razón y allí reina lo más sagrado de la cultura xeneize: el calor popular.
La tradición lleva 106 años y no conoce vaivenes relacionados directamente con la campaña del equipo. Así, cada vez que Boca Juniors juega como local el barrio se conmueve y conmueve, a los argentinos de cualquier provincia y a los extranjeros de cualquier punto del orbe que concurren a alimentar su espíritu de cultura futbolera.

La Boca es, para los xeneizes, lo que La Meca para los musulmanes. Este domingo 12 de junio de 2011 fue la fecha ineludible para que los creyentes cumplieran con ese ritual y la excusa fue la despedida de Martín Palermo, el máximo goleador del club y uno de los top 5 de la historia del fútbol argentino.

La Boca se predispuso a tono con la ocasión. Desde la mañana, el ambiente se palpó distinto, en el colorido de las calles, en los atuendos de las personas y en el ritmo cardíaco de cada peregrino que concurrió a ofrendar al ídolo futbolero.
El “Gracias Martín” o el “Eternamente agradecido Titán” se multiplicó en pasacalles, remeras y posters; o el simplemente “Titán” o “Palermo” en bufandas y camisetas. Abundaron también las máscaras del goleador y el número 9 en inflables, láminas y más camisetas y remeras. Los fuegos artificiales lo saludaron desde las azoteas vecinas y los balcones se adornaron para la fiesta.

Martín Palermo, el que durante 19 años logró imposibles para el común de los mortales amantes del fútbol provocó un milagro en los fieles xeneizes: les arrancó una sonrisa grandota de sus rostros, les hizo olvidar un empate frustrante y las internas dirigenciales, también la floja campaña local y la ausencia en copas internacionales.
Hizo emocionar a todo un pueblo (sí, incluso a los que no son boquenses) y dejó su mensaje para la posterioridad. El Optimista del Gol esta vez no la mandó al fondo de la red; mejor aún, en la adversidad, se levantó una y otra vez buscando el triunfo, como en su vida.

Desde el club eligieron regalarle el arco donde marcó entre otros, su gol 101 con la azul y oro, ante el eterno rival y en Copa Libertadores. Y unos pequeños –quizá más entendidos en cuestiones de sensibilidad– le obsequiaron una capa de superhéroe.

El guión de la vida cinematográfica de Palermo anticipa que, ahora en más, ante cada señal de auxilio, Súper Martín acudirá, desplegando su capa. Y la globa entrará y no habrá rivales más poderosos.
Será cuestión de ser optimista. Así lo enseña el ídolo futbolístico que dejó de serlo, para darle paso al mítico superhéroe.

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