En la lucha contra esa eterna espera

El día después

Después de tres años sin probar la gloria, Boca está a sólo un punto de volver a tocar la cima y así cortar la racha negativa desde el 2008. Estamos a seis días para que a la Bombonera retorne el deseado “dale campeón”. Será la semana más larga del año, pero tranquilos, que del apuro sólo queda el cansancio, todo llega.

En la interna del plantel les atemoriza la idea sólo de desear pronunciar la palabra “campeón”, es verdad a estas alturas del partido dicha mención pesa en un plantel que no abundan los éxitos excepto Clemente y Schiavi quienes son veteranos de guerra y saben de estos momentos. El partido de anoche era sin duda el más difícil desde lo futbolístico, emocional y psicológico. Pero definitivamente cuando tienes la suerte de campeón, la tienes y nadie puede hacer nada al respecto. Boca madrugó al Bodeguero a los 9’ y desde ahí calmó todas ansias del local e ilusiones por demostrar su “paternidad” que ahora quedo tres a dos a favor de ellos.

Sí había una parada que podía complicar el sueño de Boca por ser campeón, era la de Mendoza, pero la historia se liquidó de manera simple y rápida. Con el 2-0 y cuando el cronometro marcaba los 40’ de la etapa inicial desde la tribuna visitante de escuchaba el “dale campeón”, es que los hinchas necesitan imperiosamente exclamar esa frase tan deseada en el fútbol mundial y más en un coloso como lo es Boca Juniors. Es que en la última década se mal acostumbró al hincha Xeneize a ganarlo todo, porque así como en la vida real un niño no siempre tendrá a sus padres para tener todo lo que pide, en un club, por más buena racha que estas atravesando, nunca ganarás absolutamente todo.

Se le había perdido el gusto, esa magia y sensación de decir “somos los mejores de Argentina y América”, al siempre obtenerlo todo, mientras otros en la vereda del frente se desintegraban de envidia. Probablemente en esa transición de tres años muchos fueron felices viendo a River teniendo tropezones, caídas, derrotas, fracasos, frustraciones una tras otra y con eso fueron felices, incomprensiblemente es la necesidad de verdad a tu archirrival mal, pasa en todos lados del mundo, y acá no es la excepción. Mucho en el primer semestre pedían la cabeza de Julio Cesar Falcioni, Erviti, Rivero, Somoza y a Orión ya s ele cuestionaba por el hecho de tener su pasado en Boedo. Qué uno era técnico de equipo chico, Erviti costó caro, Falcioni lo respaldó creyó en el y ahora es inamovible. A Diego y a Leandro no convencían mucho hasta ahora.

JC revalorizó a quienes fueron figuras y campeones en sus clubes (Banfield, San Lorenzo, Vélez) y que durante el primer semestre actuaron sin pena ni gloria. El deté arregló sus diferencias con Juan Román Riquelme y comprendió lo que el jugador significa para el club y para la gente, confió plenamente en su idea´, no la abandonó ni en su peor momento y como dicen “la fe mueve montañas”, pues Julio Cesar las sacudió. Este equipo que parece invencible (toquemos madera) actualmente no tiene rival en la Argentina salió airoso de los terrenos y estadios más hostiles del país y parece ser inexpugnable en su recinto que hasta hace poco cualquiera iba y lo humillaba ante su hinchada. Tal vez lo más increíble de todo lo que ha conseguido Falcioni más allá de los 26 partidos invictos, más allá de los sólo cuatro goles en contra en 16 fechas es que su esquema ni jugadores no extrañan a Riquelme.

Estamos a menos de una semana del hecho del años en el club aparte de las elecciones donde Ameal parece tener asegurada la reelección donde tiene un gran punto a favor, haberle renovado el contrato a Riquelme y haber confiado en Julio Cesar Falcioni. Sólo falta un pasito más, un escalón más, tenemos todo en bandeja de oro, nuestra cancha, nuestra gente, los puntos, el momento futbolístico, el rival que pasa por un mal momento. Está todo dado para llegar a la cúspide. Sin duda será la espera más eterna de los últimos tres años, cada día, cada hora, cada minuto serán larguísimos. Los hinchas no hayan de que llegue el próximo domingo e ir a festejar al Obelisco y que la mitad más uno del país este de fiesta. ¡Ojo! El rival juega, son once contra once y el balón es redondo, no nos pongamos la curita antes de la herida. A ganar primero, y después sí, que retumbe la palabra: campeón.

Twitter: @juarezriquelme

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