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“Burrito” Rivero, la fortaleza de un refuerzo inesperado

Ha pasado exactamente un año de su último partido oficial, previo al regreso del último domingo ante Estudiantes en La Bombonera. Aquél 27 de diciembre de 2013, Diego Rivero ingresaba a los 41 minutos del complemento -en lugar de Juan Manuel Martínez- para defender la victoria ante Barcelona de Guayaquil. De ahí en más, el “Burrito” debió atravesar un tortuoso camino hasta retornar a las canchas.

A los pocos días de aquél partido de Copa Libertadores, el cuerpo médico le detectó a Rivero una arritmia y, luego de una serie de estudios cardíacos, se lo sometió a una intervención exitosa por radio frecuencia. El mediocampista tuvo un largo período de inactividad y, ya recuperado de la afección cardiológica, su regreso se dilató por otras lesiones musculares.

“Llegué a pensar que tal vez no volvía a jugar. Pero siempre tuve las ganas y sabía que iba a salir. Cuando volví en el auto sentí un cosquilleo y ganas de llorar. El domingo sentí que volví a debutar”, expresó Rivero, luego de ingresar a los 29 minutos del segundo tiempo ante el “Pincha”.

El volante se mostró muy agradecido con el respaldo de sus compañeros y, fundamentalmente, del cuerpo técnico de Carlos Bianchi. “Nunca pude estar a la par de mis compañeros, fueron meses muy duros porque iba a club a verlos entrenar y es difícil. Les agradezco por hacerme sentir vivo”, explicitó.

Por último, Rivero confesó las sensaciones de haber vuelto a una cancha de fútbol y poder participar del juego con total plenitud. “Después del partido, cuando volví en el auto, me agarró un cosquilleo y ganas de llorar. Todavía no lo puedo creer, me costó mucho. Por eso trato de disfrutar cada minuto hoy, llegar temprano siempre, e irme último”, concluyó.

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